Estamos ante una era de información, somos privilegiados al vivir esta revolución que llamamos globalización. Los avances y el bombardeo informativo que tenemos al alcance de nuestras manos día a día son tantos que no logramos adaptarnos a tiempo para procesar, comprender y realizar. Es tan difícil correrse tan solo unos segundos de la vorágine en la que estamos envueltos, que todo ese conocimiento que tenemos a disponibilidad, muchas veces lo desaprovechamos.
Descubrir, aprender, valorar, trascender; los cuatro elementos fundamentales de un ciclo que cada vez se practica menos. Este exceso de información nos satura de tal manera que nuestras mentes no dan a basto: solo sabemos, pero no vivimos. Olvidamos el significado de los detalles, olvidamos cuestionarnos, perdemos interés, perdemos nuestra historia.
Esta historia que se escribe de muchas maneras, está fuertemente marcada por la cultura como un conjunto de valores, creencias, tradiciones y conocimientos que se van pasando de generación en generación cada vez en menor grado, pero existe un común denominador que se mantiene fuerte con el correr de los años en toda etnia: la comida como identidad de un pueblo, una era o territorio.
El mundo no fue siempre tal cual lo conocemos hoy, fue mutando. Las fronteras fueron cambiando, la geografía, el clima, la fauna, la flora… Sería injusto que dividamos nuestra cultura asignando un país de referencia e incluso una era cronológica, lo que nos trae a ubicarnos siempre en tiempo y espacio, a informarnos, a estudiar el pasado, a investigar.
Nuestro mayor desafío es lograr completar ese ciclo y poder transmitirlo. Éste mensaje que encontramos detrás de cada preparación está cargado de historia y detalles que tendremos que descubrir y aprender a la perfección. Entender la lógica y el pensamiento detrás de cada plato y cultura: valorarlo para luego poder ejecutarlo, y por qué no, recrear también nuestras propias versiones, nuestros propios descubrimientos. Eso es trascender, formar parte del futuro.
Dar valor a los ingredientes con los que trabajamos, entender que la sustentabilidad y el cuidado de nuestro ecosistema es tan importante como el cuidado de nuestro cuerpo. Tomar conciencia de lo que consumimos y cómo lo consumimos no sólo es un alimento para el cuerpo, sino también para el alma.
Nuestra misión es transmitir ese mensaje, su historia y evolución a través de nuestros proyectos. Volver al origen, para conocernos en la actualidad y crear nuestro futuro.
Yamil Mustafá